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RASGANDO VELOS

Decía Rafael Azcona, guionista español, que el cine es importante porque es el testimonio de cómo somos, de nuestros momentos de nobleza, pero también de nuestras mezquindades, de nuestras sonrisas y de nuestros llantos. El cine, además de narrar historias, nos invita a mirarnos por dentro. Y cada plano, cada diálogo, cada fotograma pueden convertirse en un espejo que revela tensiones invisibles o momentos cómicos, silencios familiares o risa catártica. Todo vale en el cine. Desde el ámbito íntimo del hogar hasta los escenarios de conflicto político, la pantalla ofrece un espacio donde las emociones individuales dialogan con sus realidades simples o complejas que sean.

En este sentido, ver cine es también un ejercicio de introspección compartida. Las imágenes nos obligan a reconocer contradicciones, a cuestionar certezas y a explorar cómo se construyen nuestras identidades dentro de comunidades, tradiciones y sistemas que nos preceden. Cada relato proyectado abre una pregunta: ¿qué lugar ocupamos en las historias que vivimos y heredamos?

Para Víctor Erice una película debe ser un medio para el conocimiento de la realidad, no un velo que la oculte. Su importancia radica en hacernos más conscientes de nuestra relación con el mundo. En esa potencia expresiva, hecha de memoria y mirada crítica, el espectador encuentra la posibilidad de comprender no solo a los otros, sino también a sí mismo dentro de un entramado social en constante transformación. En definitiva: somos lo que vemos y vemos lo que somos, una cuestión de ir rasgando velos.

Iñaki Abad Leguina
Director del Instituto Cervates de Belgrado